viernes, 12 de febrero de 2010

Imagina español

Tal vez, entre las miles de hebras diferentes que forman el cosmos constituyendo infinitas realidades paralelas, exista un día de hoy en el que esas casualidades no te hayan conducido a donde estás ahora, sino que, mediante un sinfín de pequeñas diferencias, hayan acabado por engendrar una vida diferente en la que la sangre que corre por tus venas no descienda de un par de idiotas que se pelearon por el favor de Dios.


Puede que en ese mundo diferente no hayas bajado nunca al infierno y que los únicos monstruos que conozcas sean los de las pelis de terror. Allí no tendrías que amputar la mano a uno de tus mejores amigos para salvarle del croatoan, ni que brindar con tu hermano todas las noches a escondidas, por si algo falla en vuestro plan maestro. No conocerías a la mitad de la gente que conoces hoy, ni serías capaz de amartillar una pistola con la misma velocidad. No pensarías en volarte la cabeza y mandarlo todo a la mierda, porque lo único que podrías destrozar sería una estúpida familia. Tú estúpida familia.

Imagina ahora que el destino no está escrito, que tú eres el único amo y señor de tu vida, que tus decisiones no están motivadas por miles de casualidades aleatorias sobre las que no tienes capacidad de decisión. Que no existen diferentes hebras universales que conforman diferentes realidades y que está es la única que existe, la única que importa. Que no existen ni los ángeles celestiales ni los caídos, que no hay una guerra, que el destino del puñetero mundo no depende de con cuanta fuerza arrimes el hombro.

Piensa que toda tu familia murió con las botas puestas, con la sangre ardiéndole dentro y las manos abrasadas por la pólvora y la sal. Recuerda como tu padre te cubrió las manos de sal a los cinco años, asintiendo en silencio, y como le devolviste el asentimiento, muy serio, aunque no comprendieses que significaba todo aquello.

Imagina que los cadáveres de tus amigos no están diseminados a tu alrededor y que tu hermano no está arrodillado en el suelo, suplicando una y otra vez que lo maten. Imagina que ese hijo de puta que se ríe en tu cara y que acaricia la mejilla de tu hermano consolándolo no es más que otro hijo de puta de los de siempre, de los que llevas toda la vida cazando y que, como siempre, puedes matarlo. O encerrarlo. O lo que sea.

Imagina que un amigo al que creías muerto se acerca y te entrega una daga que extrae de su propio cuerpo, que los gravados de tus costillas arden y que todos te creen muerto, que eres invisible ante sus ojos y que la herida de tu costado derecho ha dejado de sangrar milagrosamente. Imagina que el campo de batalla huele a vinagre, que tus muñecas sangran y que unos ojos azules tiran de ti hasta levantarte. Imagina que existe una remota posibilidad de vencer, una mínima esperanza de victoria, y que esta está en tus manos.

Y ahora imagina que puedes ganar.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario