martes, 26 de enero de 2010

Confesiones. Español

DEAN


He pasado tanto tiempo negándome a sentir, sustituyendo los deseos de mi alma por el deber de protección. No se cuantos años han sido exactamente o si fue desde el primer momento en que lo vi, cuando supe que lo amaba.

Lo he observado crecer y convertirse en la persona que ahora es. El niño al que le cambiaba los pañales, el que llevaba de la mano a la escuela cada día, el chico que me alcanzó en altura cuando solo tenia trece años y el hombre que a pesar de todas nuestras carencias ha sabido sobreponerse a cada golpe siendo ahora el mejor ser humano que conozco.

A veces me parece conocerlo mejor que a mi mismo, a veces creo no saber nada de él, lo único seguro es que aun me falta mucho por aprender.

He vivido tantas cosas a su lado, algunas no muy agradables, de hecho, cosas que cualquier persona no dudaría en olvidarlas si se lo propusieran, cosas que nadie creería. Pero no me arrepiento de ninguna de esas horas, de ninguno de esos minutos y si me preguntaran si volvería vivirlas, contestaría sin pensar que si, siempre y cuando él esté conmigo.

Mi padre me dio dos opciones: Salvarlo o Matarlo. Pero yo siempre tuve una tercera opción: Amarlo. Amarlo profunda e intensamente y en consecuencia salvarlo. Porque estoy dispuesto a morir por él, no podría dañarlo nunca, antes prefiero ponerme al frente. No podría soportar la idea de perderlo. Nada tendría sentido, entonces, para mi.

Mi hermano. Sam es Mi Hermano. Es algo que me encanta decir una y otra vez y me llena de orgullo. Mi hermano. Mi hermano en toda la extensión de la palabra. Mi sangre, mi razón para vivir, mi alma gemela. Mi vida entera.

Lo quiero más de lo que puedo expresar con simples palabras. Lo quiero más de lo que se debería querer a la sangre y no me importa lo que la gente piense al respecto. Él ha estado en mi existencia desde siempre. El ha sido mi mejor amigo y lo único que necesito para sentirme vivo.

Lo Amo. Tan sencillo como eso. Lo amo por encima todo, lo amo cada día más. Sam, mi Sammy. Esa es mi definición del amor y es todo lo que debo saber.

A veces me cuesta el alma dejar de mirarlo. Cuando no esta conmigo me siento vació, incapaz de respirar. Tenerlo junto a mí es un vicio al que no quiero renunciar. No tenerlo es una lenta agonía.

Lo amo tanto que a veces me parece que se me va a salir el corazón. Creo que me estoy volviendo loco por quererlo de esta forma, por reprimirme a la hora de estar tan cerca de él y no poder tocarlo como deseo. No poder sentir sus labios contra los míos, su piel con mi piel. Ser uno mismo. Pero no puedo decírselo. Aun no. No quiero asustarlo y que se aleje de mi, eso sería peor que esta deliciosa tortura en la que vivimos. Todavía guardo la esperanza de que me llegue a querer de la misma forma que yo lo quiero. Algunos días hay momentos en que él me ve de forma distinta y su mirada esta cargada de algo más que me llena de alegría. Pero no quiero engañarme, seguro él solo me quiere como un hermano y yo estoy equivocado. Hasta me digo algunas veces que Sammy es realmente guapo, claro que a él nunca se lo voy a decir.

Una vez conocimos a una linda vendedora de cuadros, pensé que era la ideal para Sammy, a pesar de lo que yo sentía, pero él me dijo que no podría estar con ella porque había algo más fuerte, le pregunte si era por Jessica, pero él solo me miro directamente, con esos ojos que me quitan el sueño, me sonrió y me dijo que no era por eso. En ese instante me pregunté si eso más importante era yo. Falsas ilusiones, supongo.

Me conformo con saber que me quiere y que cuando le preguntaron si cambiaría de vida contestó que no, que quería esta. ¿Eso significa que quiere estar siempre conmigo?. No lo se.

Lo único que se con certeza es que tomemos las decisiones o caminos que tomemos, siempre volvemos a estar juntos. Somos como almas antiguas que se buscan y se encuentran de vida en vida. A veces pienso que es el destino, y eso que no creo en tal cosa, pero si es que Sam y yo estemos juntos, no podría más que estar agradecido por tal bendición.

Pienso que uno de estos días, cuando estemos viajando por alguna carretera y él este dormido, no voy a poder contener mis impulsos, voy a detener el auto lentamente para no despertarlo, voy a tomar su rostro entre mis manos y lo voy a besar tan apasionadamente tratando de convencerlo de que lo que siento es real. Puede que si lo llegue a convencer o puede que acabe espantándolo tanto que me haga una carita de limón, se baje del auto y me deje a la mitad de la nada. Puede que eso pase. Quien lo sabe. Yo no lo sabré hasta intentarlo. Por eso hago un esfuerzo sobrehumano para mantenerme bajo control. No quiero que se vaya. No quiero perderlo.

Soy egoísta, si, lo acepto. Porque quiero tenerlo solo para mí. Porque me repito que es mío, mío y de nadie más. Es mío desde que lo vi cuando era un bebé. Es mío cuando papá me hizo sacarlo de esa casa en llamas y me ordenó mantenerlo a salvo y eso es exactamente lo que haré, mantenerlo a salvo aunque me cueste la vida. Porque Sammy volvió a nacer ese día en mis brazos y es en los suyos donde quiero morir.


SAM
Dean es un tonto, hace chistes estupidos todo el tiempo, engaña en el póquer y coquetea descaradamente con cualquiera que lleve una minifalda, pero por algún motivo, siempre vuelve a mi.

Tiene una extraña obsesión por estar a mi lado las 24 horas del día, no se porque, tal vez sea porque ha prometido cuidarme de cerca, pero a veces su “de cerca” es tan de cerca que termina llenando mi ambiente de su presencia, de su aroma, de su voz y extrañamente eso no me molesta en lo absoluto.

Hemos vivido juntos casi toda la vida, a excepción de esos cuatro años que me fui a la universidad buscando alejarme de algo que negaba que fuera para mi, pero he vuelto a esto, a la caza, a Dean y ahora se que esto, esto y nada más es todo lo que quiero: salvar personas, cazar cosas, el negocio familiar… mi hermano.

Puede que sea eso, puede, y no el temor de mi hermano a perderme, se que esa idea es la peor que ronda por su mente, pero yo me he jurado no separarme nunca de él, estar a su lado, ir donde vaya, claro que nunca se lo diría de forma literal, porque seguramente se echaría a reír, por eso me limito a esta a ahí por él, con él.

Podría decir que mi futuro es incierto, pero no es así, porque él es algo tan seguro como que el cielo es azul en el día y negro por las noches, como que hay miles de estrellas en el firmamento, como que mi hermano es la persona mas leal, y valiente en este mundo.

Mi futuro no es desconocido, porque lo tengo a él, porque puedo mirar sus ojos y en ellos no hay rastro de mentira o de duda de lo que siente por mí, porque se que Dean me quiere como nunca nadie me ha querido, por que él ha sido todo para mi, desde el primer día y hasta el final de los tiempos.

No creo que haya nadie en esta vida, dos hermanos que se quieran como nos queremos nosotros, con todos los tipos de afecto, con la plena decisión de morir el uno por el otro sin siquiera preguntar, sin la menor intención de separarnos.

No creo que haya nadie que sienta por su hermano lo que yo siento por Dean, porque aunque para muchos pueda ser equivocado e incluso perverso, para mí es el sentimiento más puro que jamás podré tener, es algo tan único que me parece que debe terminar con nosotros, debe pasar una sola vez en la vida, como esos fenómenos de la naturaleza que suceden cada miles de años y es raro quien lo llegue a presenciar, como esas estrellas que brillan un momento y luego se apagan para siempre y su brillo es tan grande y hermoso, que quien las llega a descubrir jamás las olvida.

Lo nuestro es algo único, porque estoy seguro que si la gente se quisiera como nosotros, el mundo ya no tendría razón de ser, no habría pecado, no habría dolor, simplemente no habría nada que perdonar.

Puedo decir que amo a Dean, pero es más que eso. Una vez un demonio le dijo que él era quien necesitaba más de nosotros, que nosotros de él, pero eso no es cierto, yo lo necesito más que al aire para respirar, más que a la luz, más que a mi vida misma.

Además no puedo negarlo, no soy ciego, mi hermano es muy atractivo, nunca me han gustado los hombres, o no lo se en verdad, pero si así es, quiero que sea como él… quiero que sea él.

Bobby nos dijo que parecíamos un viejo matrimonio, Dean contestó que éramos como siameses, y es exactamente lo que pienso, somos justamente eso, parte de alguien, uno solo, que no podríamos sobrevivir sin estar juntos.

Tal vez un día de estos me anime a decirle que lo quiero, es algo que nosotros no decimos porque si, pero lo demostramos cada segundo del día, él y yo tenemos nuestros códigos y una simple mirada significa todo.

Fueron equivocadas las veces en que me aleje, pero en el fondo, debo confesarlo, es porque yo más que él, estaba asustado por mis sentimientos, porque se habían transformado en algo más que cariño de hermanos, no puedo decir que es amor, porque es más fuerte que eso, es algo que resistiría al fuego y al tiempo. No es amor, porque ese término no llega a la medida de lo que siento por Dean. Es algo más, algo a lo que no puedo darle nombre o puede que si sea amor y es la primera vez que lo experimento y por eso me es tan extraño y necesario y algo a lo que no quiero ni pienso renunciar.



DEAN
Interestatal 47, en algún lugar de Wisconsin.

Mi hermano duerme en el asiento del copiloto. A mi lado. Tiene su cabeza casi recargada en mi hombro y yo busco ese contacto, sentir su respiración. Me pregunto que diría Sammy si supera que lo estoy pensando, seguro le daría un infarto al muy espantado.

Este pueblo es casi igual a todos los que hemos visitado, el motel, podría jurar que es el mismo al de hace dos noches, solo que ahora huele diferente, estamos en una región rodeada por bosque, debe ser el aire fresco de los pinos el que trae esa tranquilidad. Debe ser el aire y no tener a Sammy aquí, conmigo.

Hemos venido aquí porque el listillo de mi hermano encontró un caso de algo que vive en una cueva y que ha estado atacando a los locales, esta tarde iremos a dar una vuelta por ahí, a ver que encontramos, pero ahora necesitamos descansar, hemos estado viajando casi ocho horas, Sam debe estar incomodo por dormir en el auto y yo hecho de menos una cama.

Sam se ha tumbado en la primera cama que vio, se ha quedado dormido en menos de dos minutos, yo voy a tomar una ducha. Me deshago de la ropa rápidamente, necesito sentir el agua tibia. Me he pasado casi media hora en la regadera. Sammy va a matarme si despierta y descubre que me he terminado el agua caliente, pero bueno, no le hará mal el agua fría de vez en cuando

Son casi las siete de la noche, nos dirigimos al bar a investigar el caso y porque no, a tomarnos un par de cervezas. El encargado nos ha dicho que los ruidos comienzan a la media noche, insólitos gruñidos que provienen de una cueva en la profundidad de la maleza, que han sido dos personas las que han desaparecido en el último mes, que la policía ha investigado y no encontró nada. La policía, pienso, siempre queriendo hacer nuestro trabajo y echándolo todo a perder.

Sam y yo vamos al bosque a esa noche. Y los sonidos comienzan, parece un animal herido, probablemente un oso. Tomamos el arma de sal y otras mas cargadas con balas de plata por si acaso, una pistola de bengalas y unos cuantos cuchillos que Sam afiló la semana pasada.

La cueva es profunda pero a medida que nos acercamos los ruidos se hacen más audibles y ensordecedores, parece que nos ha sentido. Nos colocamos en cada lado de la entrada, Sam ha encendido la linterna. Me adelanto un poco y lo que veo no es ningún oso o cualquier otro animal que debiera estar en el bosque, es un Wendigo, debemos quemarlo, debemos matar a la maldita cosa.

Nos ha visto, corremos hacia fuera, Sam va adelante, yo trato de encontrar la pistola de bengalas. La tengo, apunto al ser y disparo, se retuerce un poco pero aun intenta alcanzarme, no le queda mucho tiempo de vida, pero aun quiere hacerme daño. Mi hermano me jala hacia él tomándome de la mano, volteo y lo miro. No necesito preguntar, esa mirada significa “esta hecho, Dean, vámonos.”.

Deberíamos irnos ya, pero Sam insiste en pasar la noche en ese motel.
-“Pagamos un día entero, Dean, nos iremos por la mañana.”
-“De acuerdo.”- Es lo único que me limito a decir, no entiendo porque pesar de los años, aun no soy capaz de decirle que no a mi hermano.

Tomamos una cama cada uno. Yo ya estoy casi dormido, siento como se hunde el colchón, me giro alarmado y solo veo a Sammy metiéndose entre las sabanas. No hay una completa oscuridad, las farolas de la ventana alumbran dentro de la habitación. Puedo ver sus ojos y una tímida sonrisa, me volteo nuevamente dándole la espalda. No es la primera vez que dormimos en la misma cama, cuando éramos niños pasábamos casi todas las noches de esta forma porque Sam sufría de pesadillas y temores nocturnos y no se que tanta jalada de psicólogos y papá nunca estaba cerca para abrazarlo, solo estaba yo, y dormir con mi hermanito, sintiendo su calor, era también reconfortante para mi.

Esta vez no tiene porque ser diferente, pero han pasado casi diez años desde la última vez que dormimos juntos, y esta parece la primera. Ha sido largo el tiempo, tenerlo tan cerca y echarlo tanto de menos.

Sam me abraza por la cintura y hace que me gire quedando cara a cara, aun no abro mis ojos, pero se que él me esta mirando. Finalmente me decido a verlo. Sam me observa directamente, no puedo definir su expresión, es alegría, nostalgia, tristeza. No lo se.

Me mira y yo no puedo dejar de verlo. ¿Qué es lo que quieres, Sammy?. Dime que puedo hacer por ti. Moriría si tú me lo pidieras. Nunca voy a dejarte. No me dejes tú a mí. ¿Qué es lo que quieres, Sammy?.

Cierra los ojos y baja la cabeza, se recarga en mi pecho, aun me abraza fuerte.

Se ha quedado dormido.

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